Entiendo el sufrimiento psicológico como un fenómeno complejo que no puede explicarse desde una única perspectiva. Detrás del malestar intervienen procesos biológicos y psicológicos, pero también la historia personal, los vínculos, las circunstancias y la manera particular en que cada persona experimenta el mundo.
Por ello, mi forma de trabajar integra diferentes marcos de conocimiento para alcanzar una visión más amplia de cada persona y adaptar la intervención a sus necesidades. Combino aportaciones de la neurociencia, la psicología basada en la evidencia, las terapias contextuales y las perspectivas humanista y existencial. Cuando puede resultar útil, incorporo también recursos simbólicos como complemento del trabajo clínico.
No creo en las soluciones universales ni en aplicar el mismo tratamiento a todas las personas. Selecciono las herramientas terapéuticas teniendo en cuenta las características, los objetivos y el momento vital de cada persona, buscando una intervención rigurosa, flexible y personalizada.
Mi objetivo no es únicamente aliviar los síntomas, sino también favorecer cambios significativos y sostenibles: desarrollar una mayor seguridad personal, conocer mejor el propio funcionamiento y encontrar nuevas formas de afrontar las dificultades de la vida.
Neurociencia
Comprender el funcionamiento del cerebro
Mi formación en neurociencias me proporciona un marco para conocer mejor los procesos neurobiológicos implicados en las emociones, la memoria, el aprendizaje, la regulación emocional y el comportamiento. Este conocimiento ayuda a entender cómo las experiencias tempranas, el estrés y determinados acontecimientos vitales pueden influir en nuestra manera de pensar, sentir y actuar.
Sin embargo, conocer el funcionamiento cerebral no significa reducir a la persona a su biología. La neurociencia aporta una parte de la explicación, que siempre sitúo dentro de una mirada más amplia que incluye la historia, el contexto y la experiencia individual.
Psicología basada en la evidencia
Comprender los procesos psicológicos
Trabajo con modelos y herramientas cuya utilidad ha sido estudiada en psicología clínica, adaptándolos a las necesidades de cada persona. Entre ellos se encuentran el análisis funcional de la conducta, la Terapia de Aceptación y Compromiso —ACT—, la psicoeducación, las estrategias de regulación emocional y otros recursos procedentes de las terapias cognitivo-conductuales y contextuales.
El objetivo es identificar los procesos que han contribuido al desarrollo del malestar y aquellos que pueden estar manteniéndolo, para intervenir de la forma más útil posible. La evidencia científica orienta mi práctica, pero siempre al servicio de la persona y no como una aplicación rígida de técnicas.
Perspectiva humanista y existencial
Comprender a la persona
Más allá de los síntomas, considero fundamental atender a la historia personal, los vínculos, los valores, las fortalezas y el significado que cada persona atribuye a lo que vive. Entiendo la psicoterapia como un proceso que puede favorecer una mayor seguridad personal, autenticidad y libertad para afrontar las dificultades.
Mi práctica se inspira, entre otros, en la Terapia Vital de Antoni Bolinches y en las aportaciones de Viktor Frankl sobre el sentido, la responsabilidad y la capacidad de encontrar significado ante las experiencias difíciles. También incorporo conceptos del análisis transaccional cuando ayudan a entender los patrones relacionales y el desarrollo de la personalidad.
Dimensión simbólica
Explorar el significado de la experiencia
En algunos procesos terapéuticos, los sueños, las imágenes, las metáforas o determinados símbolos pueden ayudar a expresar y explorar experiencias difíciles de abordar únicamente mediante el lenguaje racional.
Utilizo estos recursos de forma flexible y únicamente cuando resultan adecuados para la persona. No sustituyen la evaluación clínica ni las intervenciones basadas en la evidencia, sino que pueden complementarlas y enriquecer la exploración del mundo interno, sin recurrir a interpretaciones cerradas o universales.